Como canciones
tus palabras el recuerdo
me amanece

martes, 8 de septiembre de 2009

Soy un hamster

Toda la vida fue un hámster, no es que le gustara ser hámster, pero como no tenia opción se tenia que conformar.

Su vida trascurría dentro de una jaula, y era una jaula grande, sin demasiados aprietos. La comida era buena y abundante, dos clases distintas de pienso, lechuga, a veces patatas fritas, otras, trozos de queso, un festín. Tan abundante era la comida, que podía dar rienda suela a su mayor pasión, el ahorro, menuda despensa tenia debajo del colchón, pipas, maíz, trocitos de pienso, solo pensar en ello le hacia feliz.

Sus días eran monótonos sin sobresaltos, conformados.

Pasaba la mañana durmiendo, a eso del medio día se desperezaba y organizaba la despensa, había que tenerla siempre controlada, que nunca se sabe, Y después volvía a dormitar un rato, hasta la llegada de los niños, que le sometían a la habitual sesión de sobeteos y apretujones. No es que le agradara, en absoluto, pero le permitía dar un paseo, ver paisajes nuevos, Era como los viajes organizados de los humanos, apretujones sobeteos, transportados de un lado otro sin saber su opinión, pero al fin y al cabo, viajes.

Y llegaba la noche, la noche era suya, su intimidad.

Comenzaba con una larga sesión de rueda, lo cual tenia dos virtudes, hacia ejercicio, y ruido, le daba la sensación que el ruido molestaba a los humanos, era su humilde venganza, por los sobos, eso le hacia sonreír.

Cuando ya agotado paraba, comía algo, y se daba una buena ronda de rascaditas y acicalamientos, prestando especial atención a sus partes, no sabia porque, pero le daba mas gustito que en otro sitio, el no había conocido jamás a otro hámster, y el recuerdo de sus hermanos, de su infancia, ya solo era una nube lejana.

Un día los humanos le dejaron en la ventana para le que le diera el sol, y un pájaro se acerco, se poso junto a El.

- Hola – dijo el pájaro – ¿tu que eres?

- Un hámster, ¿y tu?

- Un gorrión – respondió el ave, con el descaro habitual de los gorriones - pues pareces una rata psicodélica, y sin rabo. ¿Me das una pipa?

- Nooo, son mías, las podría necesitar.

- Pero si tienes muchas, ¡rata tacaña!

- Ya, pero nunca se sabe – dijo el, todo mohíno – pero si me cuentas que son esas ratas, te doy una

Y el gorrión le contó que las ratas viven en las alcantarillas, en bandas y familias, que salen todas la noches a buscar comida, que pasean, husmean, y a veces cuando encuentran fruta pasada, o algo de cerveza se corren unas juergas bárbaras. Y muchas mas cosas fascinantes le contó el gorrión sobre sus primas, las ratas

El hámster quedo tan estupefacto por la vida de las ratas que no solo le dio una pipa, sino tres, con tal de que siguiera contando.

Pero su vida cambio, dejo de correr en la rueda, dejo de acicalarse, e incluso controlaba menos la despensa.

En su cabeza solo un pensamiento, las ratas, unirse a ellas, escapar, no le importaba que tal como le dijo el gorrión, su final fuera morir con terribles hemorragias internas, causadas por el veneno de los humanos, quería ser rata, ser libre.

Y un día escapo, los niños humanos dejaron la puerta mal cerrada, espero hasta la noche se lleno las bolsas de pipas, y escapo.

Y corriendo como jamás había hecho, hasta casi sangrarle las patitas, llego donde las ratas

- Hola ratas – dijo feliz – soy un hámster, ¿puedo quedarme con vosotras?

Y esa noche hubo gran juerga en casa de las ratas, comida abundante y baile, ¿Y el plato principal de la comida?… hámster… con pipas

Se llamaba Rodolfo, y era un hámster

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