Como canciones
tus palabras el recuerdo
me amanece

domingo, 27 de julio de 2014

La grieta


Sentado en el bordillo.
Miraba el espacio entre la pared y el suelo. Una esquina rellena de cemento, con marcas de dedos, unos grandes, y otros chiquititos.

Lo miraba como si en ese cemento estuviera grabado el tiempo perdido, como si parte de su fracaso, de su dolor, de su ausencia estuviera escrito en el, en cada marca de sus dedos

Y se acerco una niña

— ¿Qué miras Papa?—le dijo
— Nada –

La niña miro en la misma dirección que el

— ¿Te acuerdas papa cuando rellenamos la grieta? –
— Si, ¡claro! Fue el año pasado – como no se iba a acordar, pensaba que no debió rellenar aquella grieta. Sino otras
— Mira, estos son tus dedos y estos los míos – dijo tocando el cemento – los míos ahora son mas grandes, a ver los tuyos –

Él puso su dedo en las marcas grandes

— Pues los tuyos son iguales, Papa –

El pensó, que ya nada es igual, que daría algo por poder regresar a aquel momento.

— ¿Te acuerdas Papa? Fue el día antes de que te marcharas a ese viaje tan largo, estabas muy raro. Todos estabais raros ¿Te vas a ir mañana? –
—No bichejo, mañana no, aun quedan bastantes días. Anda ponte algo seco y vamos a sacar al perro –
— ¡Vale! ¿Lo puedo llevar yo?—
—Claro, pero con las zapatillas – y tiro a la niña de una de sus trenzas
— ¡Papaaa! No me tires. No me gusta –

Y la niña se metió en la casa corriendo, dejándole con una gran sonrisa.

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