Como canciones
tus palabras el recuerdo
me amanece

miércoles, 29 de abril de 2015

Genoveva



Su vida siempre discurría igual.
Todas las mañanas de lunes a viernes se levantaba a la misma hora, ponía el café, y se metía en la ducha.
Ya duchada, envuelta en una toalla aun se tomaba el café, solo, sin azúcar.
Se vestía, peinaba, una pequeña reparación facial, hacia la cama,  y a trabajar
Siempre cogía el mismo tren, de la misma hora, y hasta tal punto se volvió cotidiano, que los demás pasajeros le parecían tan familiares como los muebles de su casa y con el mismo aspecto severo
Llegaba  a su trabajo, se sentaba, y colocaba las cosas como a ella le gustaba, siempre en la misma posición, el teléfono, el teclado, los lápices, los papeles, ¡que manía las de la limpieza de moverlo todo!
Y comenzaba a hacer llamadas, apuntando en el ordenador  el resultado de ellas. Y así siete horas, con solo tres paradas, siempre a la misma hora, a las diez y media, a hacer pis, a las once tomaba café, y media hora antes de salir a las tres, volvía a hacer pis.
Del trabajo volvía a casa haciendo las misma cosas que por la mañana, solo que en sentido contrario.
Al llegar a casa se quitaba la ropa del trabajo, se ponía un viejo pantalón de chándal y la camiseta, y si el tiempo era frio, una bata de punto.
Y calentaba la comida que se había preparado la tarde anterior, siempre la misma según el día
Los lunes merluza rebozada, los martes lentejas, los miércoles lomo empanado, etc.
Después de comer preparaba otro café y se sentaba en el sofá a beberlo, mientras miraba un rato la tele.
A media tarde se levantaba del sofá y comenzaba a hacer la comida del día siguiente, así como limpiar la ensalada que cenaba todas las noches.
Cuando ya estaba listo, repasaba algo de la casa que hiciera falta, y se preparaba la ropa del día siguiente, era lo único incierto del día, aunque con el pasar de las semanas, meses, años, también se convirtió en algo cíclico, de manera que cada 15 días repetía
Luego cenaba, la ensalada, viendo otra vez la tele, y un rato mas de sofá, leyendo, o con la tele, dependiendo de la programación
Y a la misma hora, once y media, a la cama.
Y así de lunes a viernes
Los sábados se levantaba un poco mas tarde, pero siempre a la misma hora de los sábados, pero repetía las rutinas de los días laborales, café, ducha, vestirse, solo que ese día siempre se ponía vaqueros.
Limpieza de polvo, suelos, baños, lavadora y cuando terminaba si el tiempo era bueno salía a dar un paseo por el Retiro parándose en cualquier espectáculo que encontrara, y a la vuelta se tomaba un vermut y pedía una ración de calamares, con lo cual ya comía.
Ya fuera por el efecto del vermut o por ser sábado se permitía una siesta, pero nunca mas de una hora, Luego o plancha, o lectura depende de la cantidad de plancha atrasada
A la noche cena, la misma de siempre, tele y a la cama
Los domingos mas o menos lo mismo salvo que en vez de paseo, iba a comer a casa de su hermano, la tarde igual, plancha y preparar la ropa del día siguiente.
Y así durante los últimos 15 años.
El día 16 de marzo del 2010 estando en el trabajo, después del café, se sintió indispuesta, la tripa, y por mas que quiso aguantar, tuvo que decidir irse a casa
Era la primera vez en 15 años que iba a faltar del trabajo. Pero no se encontraba nada bien
Cuando llego fue al baño, y cuando se encontró algo mejor se sentó en el sofá
Entonces la vio, cruzando a toda velocidad su pequeño salón, y metiéndose debajo del aparador
Dio un grito como nunca había hecho
-- ¡Una rata! ¡Una rata en mi casa! –
Se levanto, fue a la cocina, cogió la escoba y se puso a buscarla. Movió muebles, alfombras todo, entre una sensación de asco y miedo. Todo lo movió, pero nada
Ya presa totalmente de nervios, empezó a golpear con la escoba el aparador.
Y entonces la oyó
-- Me quieres dejar en paz, yo a ti no te molesto nunca, es mas si no llegas a venir antes de tiempo ni siquiera me habrías visto, yo nunca te he roído los muebles, ni me he comido tu ropa a pesar de esa falda de lana tan apetitosa que tienes, ni siquiera has visto jamás mis cacas, soy una rata limpia. Yo a ti no te molesto, no me molestes tú a mi –
Se quedo paralizada. Pensó: estoy más enferma de lo que creía, tengo alucinaciones
Se sentó en el sofá y no sabe cómo se quedo dormida
Cuando despertó pensó que todo había sido un sueño, pero el desorden de la casa le decía lo contrario, ya era tarde pero a la mañana siguiente compraría veneno, cepos, o cualquier cosa que fuera letal a las ratas, y tampoco iría a trabajar, por primera vez
Eso hizo, lleno la casa de cepos, veneno, y demás,
Y recupero su rutinaria vida normal
Las trampas y los venenos jamás fueron tocados  así que poco a poco los fue retirando, y pensando que todo fue una alucinación.
Pero algo había cambiado, no dormía, se pasaba horas y horas, en la cama sin dormir atenta a cualquier ruido.
Así que decidió recurrir a las pastillas,
Aunque tardo en tomar la primera un día lo hizo
Durmió.
Y cuando mas plácidamente lo hacia
Oyó:
-- Pss pss, despierta, llegas tarde –
Abrió los ojos y allí estaba, la rata, sentada sobre sus patas traseras, con la cola enrollada sobre ellas y con una manita se rascaba el vientre y la otra la pasaba a modo de limpieza por su rostro y sus largos bigotes.
Volvió a cerrar ojos y al abrirlos un segundo después ya no estaba
Pero al mirar el despertador, ¡leches era de verdad tarde!
Se vistió a toda prisa, se salto todas la rutinas, y hasta casi se pone las bragas del revés
Pero consiguió coger el mismo metro de siempre y llegar a tiempo,  no se sabe para que, porque ese día no pudo trabajar pensando en la rata
Cuando llego a casa de vuelta del trabajo, y pensando que se había vuelto loca, cogió la escoba y empezó a llamar:
-- Rata, rata, ¡Sal! –
Después de repetirlo varias veces, oyó:
-- Tengo nombre ¿sabes? Me llamo Genoveva  - y añadió – y no salgo hasta que no sueltes la escoba
Llevo la escoba a la cocina, y se puso a mirar a donde había surgido la voz
Al poco salió la rata, despacito, mirando a todas partes y sin perder de vista la ruta de escape
-- ¿Que haces en mi casa? – pregunto ya sentada en el sofá
-- Vivo aquí, de siempre – contesto la rata
-- Estoy loca ¿verdad? –
-- Un poco si, pero no por mí, sino por estar tirando tu vida sin alegrías ni alicientes – dijo la rata
-- ¿Qué comes? –
- Pues lo que pillo, aquí poco con tu manía de la limpieza, pero me voy a casa la vecina que menuda guarra es.  ¿Porque me quieres matar? Yo no te he hecho nada, y te tengo la casa limpia de cucas y bichos –
-- ¿Yo matarte? Si soy incapaz de matar una mosca –
-- ¿Así? Y ese veneno y los cepos –
-- Es que me das miedo –
-- Y tu a mi – dijo la rata, ya mas tranquila sentada sobre sus patas traseras
-- Luego quito los cepos –
-- Gracias – dijo la rata y desapareció
Como estaba un poco mareada se durmió en el sofá, y al levantarse quito los cepos, el veneno, y siguió con sus rutinas habituales
Pero ese día durmió plácidamente
Al día siguiente hizo una cosa distinta, antes de irse, cogió un trozo de pan y lo dejo en el suelo de la cocina.
A su vuelta el pan había desaparecido.
Sonrió
Y el dejar un poco de comida todos los días se convirtió en una nueva rutina, un día pan, otro queso, otro fruta, cosas que pensaba ella que le gustarían a Genoveva
Una noche, mientras se disponía a cenar dijo:
-- Genoveva –
-- Genoveva –
- ¿Si? – se oyó detrás del aparador
-- ¿Quieres cenar conmigo? –
-- ¿De verdad? –
-- Si, ¿te gusta la zanahoria? –
-- ¡Si!  Me encanta, pero a mí con las mondas me vale, soy una rata
-- Anda no seas tonta y ven a cenar –
Y en un poco de papel aluminio puso zanahoria rayada
Que la rata empezó a comer con mesura de invitado
Cuando terminaron la rata dijo:
-- ¿Me puedo quedar a ver la tele? Es que solo la oigo todos los días -
-- Claro –
Y allí se quedaron las dos en silencio mirando como Belén Esteban despotricaba no se sabe de que
Cuando llego la hora de acostarse
-- Hasta mañana Genoveva –
-- Hasta mañana Mari Carmen –
Y una partió a la cama y la otra al aparador
Y así fue todas las noches, a veces hablaban
-- Genoveva, ¿Tu has tenido hijos? –
-- ¡Uf! Más de cincuenta y nietos… cientos, pero casi todos estarán muertos ya –
-- ¿Y no te da pena? –
-- No la vida de las ratas es así, ¿y tu porque no has tenido? –
-- No hubo oportunidad, ni encontré con quien –
Y seguían viendo la tele
Un día ella le dijo a la rata mientras cenaban
-- Mañana no salgas a cenar, ya te dejare yo algo luego, es que he conocido un chico y viene a cenar –
-- No te preocupes por mí, las ratas sabemos ser discretas, ¿no le habrás hablado de mí? –
- - No, pensaría que estoy loca
-- Bien –
-- Espero que te vaya muy bien con ese chico, yo desapareceré, pero si alguna vez quieres hablar, o te va mal ya sabes donde estaré.
No se volvieron a ver mas, pero durante los siguientes años, años de felicidad, de rutinas rotas, de cariño y amor con ese chico, siempre siempre dejo comida para su amiga Genoveva, que siempre desaparecía como por arte de magia
Hasta que un día no desapareció, y ese día sintió la pena de quien pierde algo muy suyo, su amiga la rata, la que le hizo ver que la vida no es rutina

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